Soneto 28



Sentado sobre los restos del navio


en este último naufragio predecible


comprendo todas las reglas invisibles


que provocaron que te hayas ido



Adivino que en el marrón de tu mirada


se esconde la maldición del profeta


que nunca ha de llegar,estando cerca


al hogar que con tanto afán buscara



Supongo que la brisa que te trajo


es el suspiro de una suerte que acaba


como el otoño cercena el verano



Conozco que te irás cualquier mañana


pero aqui en tanto, desde el silencio


soñaré que esperas aun mi llegada