Odisea 2016



Cuando de niño leía a Homero e imaginaba a Ulises atado al mástil oyendo el mágico canto de las sirenas, me fascinaba ese momento y una y otra vez intentaba inventar en mi cabeza la magia de esas voces que arrastraban a los hombres al abismo y la desesperación.

Ahora después de tantos años he comprendido algunas cosas:

Sigo intentando volver a Ítaca , a ese hogar donde fui feliz de algún modo, que el camino es largo y arduas pruebas nos lo hacen más difícil, a veces imposible, que la magia se gasta en cada intento y que, a menudo, a las sirenas les han crecido piernas y su voz se ha transformado en risa y que ya no quedan mástiles si no vigas y, que sí pierdes la esperanza, la cuerda no es una defensa sino la solución.