Patafísica




La patafísica es, por decirlo en palabras de su inventor Alfred Jarry, la “ciencia de las soluciones imaginarias, que otorga simbólicamente a las delineaciones de los cuerpos, las propiedades de los objetos descritas por su virtualidad,” o dicho de otro modo, es la ciencia de las soluciones imaginarias para los problemas que no existen.

Hablar de ella viene al caso porque es lo que está ocurriendo ahora con la publicación de los documentos de Wikileaks. Los políticos viéndose descubiertos en su auténtica personalidad, salen con argumentos de lo más pintoresco. Unos diciendo que no es para tanto, pues solo son conversaciones privadas (como la del tipejo ese de Telemadrid), otros acusando a Assange de terrorista, algunos intentando hacer creer que no son ciertos, etc.

Pero nadie ha entonado un mea culpa, nadie ha dicho que lo más aterrador de esas filtraciones es que demuestran que el sistema está totalmente corrupto, que aunque haya buenas personas en la alta política (cosa que no dudo), la mayor parte son gente sin escrúpulos, capaces de vender a su madre por una parcela de poder. Quizás, como dijo Bukowski: “La diferencia entre una democracia y una dictadura es que en una democracia, primero votáis y después recibís órdenes. En una dictadura no tenéis que perder el tiempo votando” y vayamos poco a poco caminando hacia eso por la poca gana que nos queda de ejercer el tan cacareado derecho al voto. Es decir, a la gente le importa muy poco quien gobierne, mientras tengan paz y les den de comer, como demuestran los casos de las nuevas “democracias” creadas por Occidente en Asia y Africa.


La política es pura patafísica, nada que ver con la realidad: discursos vacios, medidas intrascendentes en un mundo que se mueve por un puro motor especulativo y económico. Las ideologías están hace tiempo muertas y son incapaces de dar soluciones a los problemas que plantea la realidad.

Estamos en un momento crucial. Debemos tomar conciencia de que sólo a través de la acción social recuperaremos el control de la calle, haciendo ver que si alguien quiere representar al pueblo tiene que ser cercano a éste.
 A ese alguien tiene que podérsele reclamar las promesas electorales, para que no sea todo una carrera ciega al sillón y después “si te he visto, no me acuerdo”. Necesitamos gente con ideas nuevas en este torbellino de inmundicia.