Padres separados

No somos noticia, quizá nunca lo seremos; abandonados a nuestra suerte, sólo somos polvo de olvido. Cumplimos con nuestras obligaciones, cargados de responsabilidad y paciencia; protestar lo justo, a sabiendas del inútil gasto de dinero y tiempo.
Pasan los días, los meses, los años, y como los almanaques nuestra memoria se achica, se vuelve oscura como las fotos viejas, triste como las risas marchitas, amarga como los deseos frustrados.
Al final, como Sísifo, nos descubrimos en una cumbre solitaria y con la única opción del descenso para empezar, para intentarlo de nuevo.
Cuando cesa el dolor y llega la tristeza, comprendes que sólo la infinita esperanza te servirá de consuelo y que el tiempo pondrá las cosas en su sitio, que el daño ya está hecho y no podrás recuperar la infancia de tus hijos, ni quizá la adolescencia, pero que un día tu hij@ volverá y quizá puedas darle todo ese amor que atesoras.