Bufones en el Reino

Desde tiempos inmemoriales el oficio de bufón ha sido requerido por el público y los gobernantes. Podemos remontarnos a la Grecia clásica para encontrar antecedentes de estos grotescos personajes haciendo de las suyas. Aunque el personaje del bufón parezca más un producto de la Edad Media y comienzos de la Edad Moderna, está claro que su presencia ha llegado hasta nuestros días.

Esta reflexión viene al caso, porque últimamente he notado que proliferan en las televisiones unos personajes que pretenden emular aquellos bufones que alegraban los días a nuestros ancestros, si bien hay algunas diferencias que me gustaría comentar. Aquellos bufones eran unos seres con taras físicas, que los poderosos usaban para distraer a sus súbditos o para decir a través de sus palabras cosas que ellos no podían. Los de ahora, físicamente, son más o menos normales (hay excepciones, por ejemplo B.E.) pero tienen taras mentales. Es decir, si entonces tener un grave defecto físico te permitía acceder al puesto de bufón, ahora parece que tener una moral tarada, una líbido excesiva, una parálisis de pensamiento, o simplemente ser un ignorante a secas, es la condición sine qua non para llegar a lo más alto de este escalafón. Por supuesto, siempre y cuando previamente hayas hecho alguna aparición pseudoescandalosa o simplemente tengas o hayas tenido y puedas demostrarlo, una relación con alguien famoso. 
  Mi reflexión viene dada por la necesidad que parecen tener todos aquellos que se mueven  en el espectro mediático (televisión, radio, política, etc.) de contar entre sus filas con uno o varios de estos bufones, usados en definitiva con el mismo fin que los antiguos mandatarios. Por un lado, apartar al público de los auténticos problemas que acucian a la sociedad, provocando debates sobre las “bufonadas” dichas por sus payasos y, por otro lado, lanzar “globos sonda” con mensajes claramente misóginos, homófobos, xenófobos o extremistas de cualquier tipo para ver el alcance en el público.

Lo malo es que al igual que en aquellos tiempos la demanda de bufones llevó a las clases bajas a “crearlos” para los poderosos, hoy en día se está creando una casta de esperpentos promocionados desde las instancias que los necesitan, cuya inteligencia es cercana a los borderlines o su catadura moral es similar a la de un proxeneta.
 Y esos tipejos se meten a diario en la casa de muchos españoles en horarios de máxima audiencia, infringiendo todas las normas de protección a los menores y pervirtiendo los valores que cualquier sociedad debe preservar.